Vuelo en globo sobre Bagan (Myanmar) I

Quiero contaros (o mejor, mostraros) una experiencia que creo mereció la pena: un viaje por el vacío lleno del aire donde pude sentir la ingravidez que incita al silencio.

Pare ello, me planteé como hacerlo; contarlo como si de un viaje más se tratara? hacer una narración de los hechos? simplemente mostrar las fotografías para que hablen por si solas?

Cualquiera hubiera sido una buena opción, aunque la última (como fotógrafo) quizá sería la mejor; dejar que las fotos os hablen, pero en este caso, sin una pequeña introducción que os sitúe mentalmente o imaginariamente en el lugar, os privaría de poder observar no solo con los ojos, sino también con la mente; así que he escrito algo como introducción y algun texto suelto de libros leidos que me llevaron hasta aquí: Bagan, la antigua ciudad llamada Pagan que albergó a decenas de reyes,además del tributo y respeto a dioses como Vishnu, Agni, Ganesh y maestros como Siddhartha Gautama.

Al final de esta entrada, os dejo también un video en 4K con los mejores momentos del vuelo en globo.

Espero que os gusten las fotografías, comprendáis el mensaje de las palabras y degustéis con los sentidos el video.

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Amanece en Bagan.

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Amanecer, el monje y el perro. (Bitácora de Bagan) Spanish/English

Cuaderno de Biotácora; Bagan (Birmania)

Myanmar, la antigua Birmania, un país abierto al mundo hace tan solo una década y poco. Con una historia de luces y sombras y un porvenir, todavía incierto.
He llegado a este país en búsqueda de respuestas; sin ni siquiera haber hecho las preguntas. Pero sé, que aquí encontraré, posiblemente lo que anhelo.

Myanmar, before called Burma, a country open to the world only a decade ago. With any story plenty lights and shadows and one future, still uncertain.
I have arrived in this country in search of answers; without even asking the questions. But I know, what I will find here, possibly what I long for.

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Dhammayangyi Guphaya. (Bagan, Myanmar)

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Vista lateral del conjunto arquitectonico

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Situado al Sudeste del rio, se encuentra dentro de la zona arqueologica denominada “Old Bagan” el antigio imperio Pagan.

DHAMAYANGYI GUPHAYA

EL NOMBRE PUEDE DERIVARSE DE DHARMARAMSI (LOS RAYOS DE DHARMA).

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Meditación en Shwezigon Pagoda (1h en 4K)

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Buda en templo de Dhammayangyi 1167-1170

Sabéis? durante muchos años he creído que era un mal meditador; porque nunca alcanzaba a encontrar ese punto del que hablan los libros y algunos maestros de “conseguir no pensar en nada, o mantener la concentración en un solo punto”. En este ultimo viaje al sudeste asiático en búsqueda de respuestas, no solo he encontrado muchas que deseaba saber, sino que me he encontrado otras con las que no contaba, como por ejemplo respecto a la meditación.

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Atardeceres en Bangkok (Mercado flotante de Amphawa )

(English Below)

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Atardece, y como cada día, el sol comienza su declive, regalando sus últimos rayos color de oro, como intentando luchar con las pagodas que hay cerca; de tejados de pan de oro… El sol no tiene el poder físico del mineral tan apreciado, pero puede pelear con el mismo tono; dorado, oro…

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Al atardecer

Campo de refugiados tibetanos de Mundgod, en Karnataka, Sur de la India.

Como cada atardecer, salgo del campo para oxigenarme un poco, para cambiar un poco el aire espiritual de gompas, lamas, monjes y mendigos y salir un poco fuera de contexto. Sin resultado alguno; Karnataka es una de las zonas pobres de India, un terreno seco, yermo, donde solo crecen ortigas y llueve de vez en cuando, muy de vez en cuando. Así que no logro encontrar ese cambio que busco cada día, cada vez que salgo del campo.

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5 de Diciembre del 2013 20:07:06PM
1/320seg f/7,1 40mm 400 ISO Canon Eos 1Ds Mark III

Salgo de un campo para meterme en otro. El primero es un campo, como decía antes, de espiritualidad, de liturgia, de reglas y de normas donde el color azafrán de los monjes Tibetanos es el denominador común. Solo algunos Dalits (La casta más baja de la cosmología social India, los Desheredados) entran dentro de la zona para intentar vender a los monjes alguna fruta y poco más. Aquí no hay tiendas, no hay nada. solo soledad, y pocos recursos. El exiguo economato regentado por los mismos lamas y que se nutra de compras periódicas que hacen en las ciudades cercanas les nutren de mecheros para encender las velas, de alguna comida especial y utensilios de limpieza; nada más… soledad y resignación.

Y fuera; los locales, probablemente todos Dalits, que sobreviven como pueden, unos cultivando forraje, otros ganado, otros simplemente sobreviven.

Como cada tarde cuando se pone el sol y el calor es menos sofocante (es Enero, temporada seca) salgo a caminar por la carretera principal, donde me cruzo cada día casi que siempre con las mismas almas. Aquí la vida es rutinaria, y los cambios no son norma diaria.

Me camino, despacio, escuchando el ruido de la vida, de la existencia en todo su rango; pajarillos, las pezuñas de los animales golpeando un asfalto resquebrajado y viejo, solo él sabe cuantos años lleva soportando el impacto de las suelas de los monjes, de los habitantes de la zona, de animales y alguna que otra rueda de vehículo mecánico, aunque de esos, muy pocos.

Me quedo abstraido en el sonido, y después, dejo paso a que mi cerebro procese el olor… los olores… India es numero uno en eso, encontrándote cientos de miles de aromas en un rango indescriptible; desde el más nauseabundo de la descomposición, hasta el más aromático de alguna comida cocinada con especias. Después; dejo paso a la vista; observo, y como siempre me centro en los animales, ellos tienen ojos que desprenden historias, todas tristes, porque son animales de carga, carne, o simplemente perdidos en un mundo y una zona que no ofrece ninguna posibilidad a la vida. Una zona dura, para todo ser viviente. Karnataka es uno de los muchos infiernos de los que hablan las religiones hinduistas, o Tibetanas. Resulta paradójico que aquí, se haya construido uno de los centros espirituales Tibetanos mas grandes potentes y con mayor fervor de la cultura transhimalaya.

Veo estos bueyes, que vuelven seguro de trabajar, pero vuelven limpios, recién bañados, su dueño no puede permitirse el lujo de descuidarlos y perderlos. Si pierde los bueyes, pierde su vida, así de tajante. Los miro, y me miran, yo los miro a través del visor, y ellos denotadamente inquietos porque probablemente no hayan visto jamás una cámara de fotos, no dejan de mirar mi cabeza, mi postura y mi gesto. Mientras caminan, siguen con su cabeza mi ubicación; no se fían de mi.

Una legión de moscas y mosquitos acompañan a las bestias, algo que salva al guia humano del suplicio de tener que soportar el incesante revoloteo de los insectos; buscan humedad, buscan vida…

Por un segundo me pongo en situación, e intento (imposible conseguir al 100%) empatizar con estos seres, con estas almas que sin pedirlo, nacieron en una de las zonas mas difíciles para poner en practica una palabra “confort” y que sin embargo, siguen sonriendo. Sonriendo a la vida, sonriendo al futuro, sonriendo a esa falsa libertad que todos y cada uno de nosotros creemos poseer.

Me quedo con las cabezas de los bueyes, me miran, sus ojos brillan, y me pregunto que sentirán al verme…

Yo si sé lo que siento ahora mismo; “compasión”, esa palabra que tan mal se explica desde el punto de vista de las religiones occidentales, y que se asimila a la “pena” por el prójimo, pero que aquí, en el epicentro de la sabiduría indica “Karuna” (compasión en Sánscrito) se reconoce de otra manera, como diría Juan Arnau “LA IDENTIFICACIÓN AFECTIVA CON LOS DEMÁS”

Otra foto de los “Instantes de mi vida”.

N. del A. Dedicado a Alvaro (Lobsang Ngongdrup), ese maravilloso enamorado de la India, que vive en Alicante, pero que tiene una parte de su corazón (y su alma entera) en este continente de sabiduría, creencia y espiritualidad. La India.

La mirada (La cándida adolescencia)

3:09 de la madrugada, estaba en la cama, otra noche más en vela, y de repente me he dicho; – Las fotos! – me he levantado ( no de un salto, como antaño, mi rodilla ya no me deja, y mi barriga tampoco) y he buscado los discos duros que llevan unos años en el dique seco. Abro, y entro en la carpeta de Nepal, mi primer gran viaje iniciático de fotografía.

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