Bitácora del confinamiento (Día 30)

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Estos últimos días no lo estoy llevando muy bien; los días se me hacen más pesados de llevar por mi situación personal. No voy a entrar en detalles porque hacerlo me hundirá y no voy a permitirlo, pero los que me habéis leído en otros posts sabréis que yo vivo a medias entre Bali (Indonesia) y España; últimamente más en Bali que en España aunque siempre volviendo periódicamente (vivir al 100% en Indonesia es muy, muy difícil por diferentes razones) ademas de que jamás renunciaré a este país maravilloso que me vió nacer.

El caso es que me pilló el coronavirus a contrapié, aquí en España y no puede volver a Bali, dejando allí familia, amigos y una situación complicada puesto quee s un país que considero no tiene las condiciones para gestionar un problema como este. Si aquí con 47 millones de habitantes y una economía estable y fuerte, fijaros como nos pilló… imaginaros en un pais con 270 millones de habitantes, una economía absolutamente inestable y con una sanidad precaria y sin medios… por no decir una sociedad política y de estamentos con un nivel de corrupción muy elevado…

La parte buena es que Bali es una isla muy solidaria y con unos cimientos éticos muy fuertes (no así con los extranjeros que están demostrando una mala educación e incivismos increíbles, como no podía ser de otra manera, saliendo a fiestas, saliendo a surfear y haciendo mezquindades como podréis imaginar de los descerebrados de siempre…).

El caso es que llevo varios dias echando mucho, MUCHÍSIMO de menos mi vida allí, donde mis mejores momentos los pasaba con mi moto; una scooter de 125cc (alli no es viable tener otra moto, por estructura de carreteras, y por muchas otras cosas) y que gracias a ella, aprendí a amar profundamente esta isla.

Rodar en moto por esta enigmática isla es impregnarse de su tradición, sus gentes, su cultura, sus olores, sis colores… no hay nada que se le pueda comparar. Moverte entre incontables campos verdes de arroz, sentir la fresca brisa de la tarde propiciada por la humedad delos campos y escuchar los miles de pájaros que se van cruzando en el camino es algo que hasta que no se experimenta allí, no se puede entender.

Cuando estoy allí, mi rutina diaria pasa por coger la moto cerca de las 6 de la tarde (al estar cerca del ecuador, en Bali todo el año amanece y atardece a la misma hora, sobre las 18:00) y dirigirme a cualquier playa de la costa oeste para ver la puesta de sol. Normalmente me voy a una playa en la zona de Seminyak, porque la arena es muy fina y a esa hora la playa se convierte en un espejo del cielo, dejando que las sombras de los niños jugando y la muchedumbre que se acerca para pasear se convierte en parte viva del mar que acaricia sus pies. Después, cuando el sol se pone, no hay nada como sentarse en la orilla de la playa y escuchar a los cantautores que comienzan sus conciertos para amenizar la noche de los chiringuitos que abarrotan la playa.
Ahora, nada de eso es posible ya, y las playas están desiertas, los negocios cerrados, y los Balineses presas de un futuro incierto, donde muchos de ellos (demasiados) tendrán que vérselas con una ruina económica y quizá tendrán que emigrar a otras islas cercanas, porque Bali, en su 90% de población vive del turismo o sus derivados, y ahora se han cerrado fronteras hasta no se sabe cuando.

Allí, no es como aquí que cualquiera tiene en el banco unos ahorros para sobrevivir; alli un dia sin trabajar es un día que no se cobra, y al dia siguiente no se podrá comer…

Hoy me ha dado por mirar los cientos de videos que tengo de allí, y me ha dado por hacer uno cuando voy en mi moto Balinesa.

Al hacerlo, me doy cuenta que lo que importa no es que maquina llevas, sino lo que sientes encima de ella….

Va por todos vosotros, que como yo, sentis las motocicletas como una manera de vivir.

Toda mi vida he tenido moto, unas mas grandes y otras mas pequeñas, y cuando no he podido, he tenido una bici… y todas me han dado la misma sensación al estar encima de ellas, LIBERTAD y FELICIDAD.

Va por vosotros y sobre todo por Bali, la isla que me atrapó para siempre.

P.D. No os perdáis los copilotos de una moto durante el camino… (Minuto 5)

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