El Petirrojo, El Paisaje y el Sol

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Es extraño que se acerque tanto a mi, estoy en el pico de una montaña, intentando en un día gris, con poco sol, retratar el alma de unos cráteres volcánicos que antaño eran monstruos de fuego, representación del dios Agni en todo su esplendor. Hace frio, aunque es Junio, estoy apoyado en una losa de piedra, solo, y el petirrojo viene, se queda, me mira, y mira hacia donde yo lo hago, el paisaje.

De repente no sé por qué, se me antoja decirle algo, nadie me mira, estamos solo el Petirrojo y yo.

– Karma?, eres tu?-

El petirrojo, me mira, gira su cabecilla pequeña en un vaivén singular, y se marcha. Sonrío para mis adentros, pero ya se ha prendido la llama que ya no tienen los volcanes pero que si tiene mi corazón henchido.

Recuerdos…

Ella estaría ahora por aquí cerca olisqueando, jugando con las mariposillas gráciles que revolotean en un flotar casi mágico, jugaría, pero no les haría daño. A lo mejor le ocurriría lo de siempre, que incluso una vulnerable y efímera mariposa tendría mas arrojo que ella, y se posaría en alguna parte de su azabache pelo. Y ella lo permitiría. Luego se vendría hacia donde yo estoy, me rozaría con su hocico en alguna parte de mi cuerpo que automáticamente reconocería como sentimiento de amor puro y verdadero, y me haría mirarla de nuevo, una vez más. Y se cruzarían nuestras miradas; la de ella sabia y profunda, tan llena de sabiduría como lo están ahora estos cráteres dormidos llenos de agua. Y como sus ojos, de dulce y de salado… de bueno y de malo, de perfección y de tiempos inmemoriales de renacimiento en renacimiento…

– Por que viniste a mi Karma? Como es que elegiste a alguien tan simple y banal como yo?- Ella no me quita la mirada, se reclina y se acuesta en el mullido suelo repleto de suave hierva de la isla. Y difuminándose su imagen desaparece, confundiéndose con ella, volviendo a su estado actual, la nada, y yo volviendo a la realidad del día y del lugar. Ella ya no estará nunca mas como yo la recuerdo en vida.

Mi mirada se pierde en el horizonte del Océano atlántico que tengo delante, y me pregunto:

– Donde estarás Que serás y que estaras haciendo ahora? – No me doy cuenta y estoy hablando suavemente a la nada, al vacío que hay entre su ausencia y mi nostalgia…

Una eternidad.

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Y de repente vuelve el petirrojo, sé que es el mismo porque se mueve igual y se ha posado en el mismo lugar. Me fijo bien y no viene solo. En su pico lleva una pequeña oruga, pero me doy cuenta de que todavía esta viva. El petirrojo me mira, vuelve a mover su grácil cabecita y hace algo que entiendo como una respuesta. Deja el gusanito en el suelo, y se va.

Si… eres tu Karma, que en tu indulgente bondad que tantas cosas me enseño mientras estabas a mi lado, has vuelto a recordarme que no te has marchado, que sigues aquí, que sigues unida a este todo que se llama existencia, que eres parte de ella y por lo tanto parte de mi, lo mismo que yo soy parte tuya (una gran parte). No lo puedo evitar, nunca he podido, y siento esa inflamación de la nariz y ese hinchazón repentino de la garganta que sin previo aviso no te deja ni tragar ni hablar, y de mi ojo brota una gotita de agua, entre dulce y salada como la del lago que tengo delante.

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Recojo el gusanito y lo deposito en el suelo, fuera del alcance de una pisada, en el regazo de unas hierbecillas.

Tengo que coger la cámara y meter la cabeza en su cuerpo, mi frente contra el visor, para taparlos, vienen turistas y no quiero que me vean llorar.

La vida sigue. Hago una foto y me doy cuenta de que comienza a chispear, miro por el visor (antes los tejia cerrados intentando que el agua de mis lagrimales disipara y veo un perfecto y precioso arcoiris delante de mi.

Demasiadas coincidencias.

Cae la tarde y el cielo se va oscureciendo, me he movido de zona, ahora estoy en la costa, junto al mar, esperando hacer la puesta del sol del día que ya acaba. Espero que el sol llegue al mar para que se funda con el horizonte, y en ese preciso instante, pienso en Karma.

– Que estés donde estés sigas haciendo lo mejor que supiste hacer cuando estabas a mi lado. ENSEÑAR.-

El sol roza con su anillo amarillo y carmín el agua del Atlántico, se marcha para aparecer mañana como si nada hubiera ocurrido en el mundo. Me doy cuenta de lo efímera que es la vida.

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Hasta mañana Sol, volveré a verte, lo mismo que volveré a ver a Karma algún día. Mientras tanto, ella sigue jugando a enseñarme que nunca se marchó.

Al menos del todo.

Busco con mi mano el tatuaje que me hice para recordarla toda mi vida, el único que llevo en mi cuerpo. Lo toco, sonrío y con esa sonrisa me vuelvo a mi casa de alquiler en la isla.

Hoy ha sido un bonito día…

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Karma: 26 Junio 2002 / 26 Septiembre 2017

En estas mismas fechas en las que escribo este post Karma estaba luchando por recuperarse de una operación de extracción de un tumor. Luchó pero no pudo superarlo. A los pocos dias de su marcha yo también tenia que hacerlo a Indonesia. Cuando llegué allí, lo primero que hice fué buscar un tatuador y hacerme un tatuaje en su honor y para llevarla conmigo para siempre en este cuerpo. Porque siempre estuvo y estará en mi corazón mientras viva y en mi alma después de que yo también me vaya en su busqueda.

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