El arte de viajar.

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Volando hacia algún lugar de Asia

Los que me conocéis, sabéis que llevo muchos años viajando, casi todos vosotros sabéis que lo hago por la fotografía, pero quizá no todos sepáis cual fué la causa que hizo que me convirtiera en un buscador de momentos (como me gusta auto denominarme)

Para eso tendría que remontarme al año 1990 que fue mi primer viaje internacional, a Brasil. En aquella época yo era un joven vendedor de ordenadores, uno de los buenos en “El Corte Inglés”, unos grandes almacenes Españoles. Con 22 años me había convertido en una buena pieza del engranaje de ventas de ese departamento, ya llevaba 2 años pero no me sentía bien, me sentía encerrado, sin perspectiva, sin futuro, y además yo era una persona que a pesar de que en mi trabajo era todo un portento de la comunicación interpersonal, en la vida real era una persona tímida, introvertida y con un mundo interior muy grande, pero con poca proyección en la vida real. La perdida de mi padre cuando tenia 15 años y una adolescencia perdida por una situación familiar precaria, al borde del desastre total debido a su muerte repentina, convirtió a un adolescente de 15 años introvertido en un miedoso compulsivo. Así que la presión de ver que mi vida tenía un futuro dentro de un cubo de hormigón y con poca proyección profesional, me impulsó a hacer una locura; dejar mi puesto de trabajo y acabar de una vez por todas con esa timidez y esos miedos de los que no conseguía desprenderme. En aquella época había conocido a una chica brasileña con la que tenia una relación y un día le dije, –¿y si nos vamos al carnaval de rio?– Obviamente ella dijo –si–, era en Febrero y mi contrato en El Corte Inglés, de temporal pasaría a fijo un mes antes, tenia que tomar una decisión, porque si quería ir a Brasil no sería para un fin de semana, necesitaría varias semanas y no podía pedirlas para esas fechas, así que decidí no renovar y dar un giro (el primero de muchos a mi vida).

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Camino de los montes Annapurnas en el Himalaya

Renuncié a un futuro prometedor en lo que a estabilidad económica y futuro laboral se refería (en aquellos años, ser vendedor de El Corte Inglés era todo un estatus) y deje de trabajar. Como me llevaba muy bien con mis superiores se hizo todo para que pudiera coger la compensación económica del despido, y con ello pagué los billetes de avión y podríamos Samira y yo estar todo un mes de viaje.

Nos fuimos a Brasil.

Y lo que era un viaje de un mes, se convirtió en una aventura de 2 años. Mi relación con Samira se difuminó y acabamos haciendo cada uno su camino, pero yo decidí no volver a España, y me quede viajando por toda sudamerica. Venezuela, Argentina, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay y volver a Brasil, para regresar a España… Nunca nada fue igual desde aquel entonces.

En aquel viaje iniciatico todo cambió en mi interior. He de decir que mis miedos y mi timidez seguían allí; si la muerte de mi padre cuando tenia 15 años no me la arrebató, el viajar tampoco lo haría, pero si que aprendí a ser auto suficiente, y sobre todo aprendí a VIVIR.

Desde aquel febrero de 1990 son ya más de 78 países y los 5 continentes (Antartida incluida) los que he visitado, en los que he vivido o incluso donde me casé (Bali, Indonesia) pero desde 1990 hasta prácticamente el 2016 no me di cuenta que lo que había aprendido era el “Arte de Viajar”. Viajaba en una busqueda de mi mismo, y no solo descubrí a una nueva persona, sino que aprendí una nueva forma de entender eso que se llama “transitar por la vida”

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Atardecer en la playa de Balangan (Bali)

Y ahora que he decidido empezar a escribir (y describir) mis viajes, me he dado cuenta que he convertido mi vida en una especie de libro vivo de viajes donde los protagonistas son los colores, los sabores, los olores y sobre todo los conocimientos adquiridos; moldeando con todas esas sensaciones una personalidad, que casi sin darme cuenta se ha convertido en endémica y de la que ya no puedo escapar. Con el tiempo, me he dado cuenta que ya no viajo para fotografiar, sino que fotografío para recordar, pero no las imágenes que tomo con la cámara, sino los momentos y enseñanzas que se guardan en los colores de su impresión. Que ya no viajo por placer, sino por necesidad. Que ya no lo hago por disfrutar, sino por respirar, y que ya no me muevo por conocer, sino por reconocer a cada paso el cometido de mi existencia. Y entre paso y paso, entre kilómetro y kilómetro, el reencuentro con esas almas mundanas que siempre aportan algo nuevo a esta existencia pueril y anacrónica; conocimientos que ya tenia pero que se actualizan junto uno que siempre crece sin cesar; el amor.

Amor por conocer, amor por crecer, amor por descubrir, amor por compartir, amor por entender y en ese crecimiento sin cesar, sin limites, buscar algo que es imposible de encontrar, pero que todos creemos que vivimos; la felicidad.

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En la selva de Chitwan

Felicidad, ese objetivo falaz que nunca hay que pretender, sino simplemente reconocer y dejarlo que nos acompañe en nuestra existencia, porque si a estas alturas te crees que el objetivo de tu vida es ser feliz, nunca lo serás. Lo que tienes que ser es sabio, y entonces la felicidad te acompañara, pero nunca dejara que te pertenezca por completo. La felicidad no es alcanzar objetivos, sino atravesar muros, levantarse una y otra vez y en esa montaña rusa de risas y lágrimas, saber danzar bajo la lluvia de la vida.

En todos estos años no se cuantos miles de personas he conocido; algunos siguen vigentes en mi agenda del cariño, otros se mudaron a mi libreta de ignorados y algunos también en la carpeta de desaparecidos, y otros, simplemente dijeron adios a esta existencia terrenal, pero todos suman, todos aportan y todos son responsables de construir, esa madeja perfectamente engranada que se llama existencia, vivencia y personalidad. He dejado en el camino un alto, altísimo precio por seguir mi corazón y no quedarme en la zona de confort o en la vida generalizada del “hecha raices, crea una familia y haz fortuna”. He dejado en el camino a muchos amigos de la infancia, que al no poder vivir su ritmo de vida o ellos el mio, tomamos caminos diferentes que son difíciles de entrecruzar. Diferentes responsabilidades, tangenciales en lo que a objetivos se refiere, y que en muchas ocasiones no son compatibles. Dejar a un lado familia, estabilidad, pertenencias o posesiones, pero ganar otras como libertad, descubrimiento, miedo o fascinación.

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Puente sobre el Dudh Kosi, camino del CB del Everest

Desde hace unos años, ya no puedo viajar como me gustaría; mi cuerpo un dia, me dijo; “basta ya o le digo al musculo principal que se pare como hizo el de tu padre” y aunque mi cabeza sigue diciendo “adelante!!” he tenido que modificar mi “modus vivendi” y adaptarlo a mi edad biológica (porque la mental se paró a los 30) y ya no hacer las locuras de antaño (aunque sigo viajando, porque si dejo de hacerlo, el musculo secundario le pedirá al principal que se pare!). Y es en esta etapa, cuando tu visión y comprensión del presente se te abre delante tuya como una sala de cine tridimensional con colores de un espectro que no conoces, y donde se supone que deberías ver el negro, ves el dolor, donde estaría el blanco descubres la pureza, en los tonos de rojo la pasión, en los amarillos el conocimiento, en los verdes los paisajes de toda índole y en los azules la inmensidad, y tus ojos ya no ven como ven los ojos convencionales, y cuando viajas y te encuentras con personas ya no ves sus rasgos, sino que profundizas en sus ojos (ventanales del alma) y descubres emociones que quizá otros no pueden ver, y los que te miran, descubren algo raro en ti que a algunos les asusta y que a otros fascina. Y ya no juzgas, y ya no etiquetas, y ya ni siquiera pretendes conquistar; simplemente dejas que fluya esa energía que has ido acumulando durante millones de kilómetros, que has domado durante millones de segundos y que has aprendido a manejar durante innumerables sonrisas y lagrimas. Se llama, conocimiento.

Y tener conocimiento no es ser inteligente, al menos yo no lo veo así. Para mi significa conocer lo intangible, la verdadera meta de la existencia humana, que es aprender, acumular, experimentar y compartir para poder trascender siendo un poco más y comenzar de nuevo para seguir aprendiendo a conocer otro poquito más, quizá interminablemente…

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Paso del Nagpa-La (Tibet)

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Mostrando las sonrisas de Calcuta (India)

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La mirada de Baktapur (Nepal)

Por eso comparto esto con vosotros, viajeros, porque quizá muchos de vosotros no os hayáis dado cuenta, pero sois alquimistas de la experiencia, magos de la eternidad, portadores de la esencia de la vida (descubrir) y portadores de esa felicidad efimera pero tan importante para la vida. Y algún día, despertaréis y cuando os levantéis de la cama, escuchareis el canto de un pájaro, el agua batiendo de una playa cercana, el susurro de algún viento de algún lugar y pensareis; –“estoy donde quiero estar”–. A mi me paso no hace mucho; hace 4 años, y es entonces cuando comprendes “pòr qué” decidiste esa maravillosa locura de viajar sin parar…

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Stupa de Bodhnnath

Para buscar tu lugar, que quizá nunca encuentres, pero esa no es excusa para no dejar de hacerlo, lo mismo que no te planteas dejar de respirar o dejar de latir.

No en esta vida.

Incluso hay gentes que he conocido que tienen esa energía y esa verdad sin que quizá ellos siquiera lo sepan, como Monica y Kevin, (@vagajuntos) que hicieron del viajar la más bonita historia de amor; amor entre ellos y amor por transmitir a todo el universo la magia de caminar el mundo y descubrir; dándonos a todos en cada historia y en cada viaje, una semilla para plantar en nuestra alma y conseguir que amemos y respetemos más el mundo que habitamos. O como el incombustible Sergio Sala (@sergiosala), que tomó como excusa el ser un nómada digital, para poder extender unas alas demasiado grandes para abrirlas en su país natal (dudo que exista un país lo suficientemente grande para albergarlas) pero que sigue apasionadamente buscando su lugar en el mundo (aunque creo que no está en éste) y mientras tanto, con su bondad, sigue repartiendo experiencias todas útiles para que el mundo abra los ojos y las almas pierdan sus miedos a viajar y conocer nuevos mundos impersonales pero muy enriquecedores. O Alicia,(@alisetmalice) que un día, como yo, decidió perder sus miedos, cansada de que le frenaran su capacidad de volar sin alas y se embarcó en la audaz aventura de irse por Asia sola, para aprender que NUNCA se está solo, si tienes el corazón latiente y el alma repleta de ilusiones por vivir…

Ellos, también han hecho de la compra de un billete o la reserva de un lugar para descansar un arte; El arte de viajar.

Yo solo he nombrado a 4 personas (las ultimas que he conocido) pero hay millones de “Monicas”, “Alicias”, “Kevines” y “Sergios”… todos “Artistas” y millones de nombres propios con un denominador común; VIAJAR.

Viajar… ese arte impermanente, que se nutre de recuerdos y que solo el que lo experimenta sabrá comprender e interpretar. Viajar… esa extraña aventura que al principio es una diversión, una vía de escape, un reto o una ilusión y que luego se convierte en un arte.

El arte de viajar, el arte de desplazarse por la existencia para aprender a vivir como solo un viaje te puede enseñar. El arte de atravesar las distancias engranando tu alma con un cosmos ilimitado en una extraña conexión con el hacedor del todo.

Mi nuevo canal de Youtube donde publicaré algunos de mis últimos viajes. AQUI Suscríbete !!

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Con los Shadus de Pashupatinath

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Sobrevolando los volcanes de Java

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Playa de Seminjak (Bali)

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Jóvenes repartidores de Té en el monasterio de Sera

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Vistas del Pao de Açucar desde el Corcovado

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Selva del Terai

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La soledad de los Picos de Europa (España)

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7 bailarinas de Legong Dance (Indonesia)

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Momentos…

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Pareja de focas (Donna Nook)

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Mi amigo Hannuman

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Monasterio Ñigmapa (Tibet)

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Recolectoras de Nepal

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Swayammbhunath

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Santuario de elefantes (Nepal)

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Campo de refugiados Tibetanos de Jawalarkhel

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2 comentarios en “El arte de viajar.

  1. Hay muy pocas personas que conozco en la vida real que escriben o describen (como dices) la vida así, pero no había leído un texto que me hiciera sentir aún más pasión (si es que es posible) por viajar. Gracias Erwan por estas letras que sin duda inspiran. Mucho éxito en tu nueva aventura.

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  2. Cómo me apasiona leer todo esto!
    Me dan ganas de meter algo en una mochila y salir corriendo.
    Dotes de todo esto y las fotos es una pena no verlo, es como no vivir.
    Gracias por traer toda esta maravilla a los que no podemos disfrutarla en vivo.
    Un abrazo y feliz viaje!

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